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O P I N I Ó N

¿EL TERRORISMO JUDÍO CONTRA LOS ESTADOS UNIDOS DE AMERICA?

Norberto Ceresole



 

Introducción

Desde hace cuatro años vengo analizando los llamados "Atentados de Buenos Aires". Esos atentados fueron dos explosiones en las que murieron más de cien personas y quedaron heridas varios cientos más. La primera explosión se produjo en el interior de la embajada de Israel, en 1992, y la segunda en la Asociación Mutual Israelita en la Argentina (AMIA), en pleno centro de Buenos Aires, en 1994. Hasta el momento, la justicia argentina, apoyada por los servicios israelíes (Mossad) y norteamericanos (FBI) no ha encontrado una sola prueba que pueda señalar a un sólo culpable. Lo curioso es que, al igual que en Nairobi cuatro años después, a la media hora de producirse la explosión en la AMIA de Buenos Aires, comenzaron a circular los primeros rumores acusando a los "islamistas" de ser los "verdaderos terroristas".

En un sentido muy concreto, para mí, los atentados ocurridos en Africa oriental, son como una película ya vista. Es un mismo esquema operativo en el cual sólo cambian los objetivos y los escenarios. Pero no los actores.

El resultado de mis investigaciones anteriores lo he objetivado en tres libros (más de mil cien (1.100) páginas, en total) ya editados en España. Ellos son: Terrorismo fundamentalista judío (1996), El nacional judaísmo (1997) y La falsificación de la realidad (1998).

A nivel personal he pagado un alto costo, porque mis investigaciones no coinciden con lo "políticamente correcto": un conjunto de parámetros intelectuales que hoy actúan como gendarmería del pensamiento en el mundo entero. Pero yo sigo pensando "a la antigua". Sigo creyendo firmemente que un intelectual tiene un deber prioritario de lealtad para con su patria y para con su pueblo. Y que esa lealtad es algo muy distinto a la estupidez del "compromiso". Soy, lo reconozco, un "sudaca" atrasado y tercermundista que sigue pensando como Martin Heidegger: "Sé por la experiencia y la historia humanas que todo lo esencial y grande sólo ha podido surgir cuando el hombre tenía una patria y estaba arraigado en una tradición".

A partir de los "atentados de Buenos Aires" los patriotas argentinos hemos sido expulsados a la clandestinidad por la ocupación judía de los aparatos del Estado y por el proceso de distorsión cultural que esas mismas organizaciones judías lograron establecer sobre el conjunto de la sociedad argentina. Yo mismo, por razones de seguridad, no puedo vivir en la Argentina. Hacia fines de 1996 tuve que optar por un segundo exilio (el primero me fue impuesto porque luché hasta el final contra la llamada "dictadura militar"). Había recibido numerosas amenazas de muerte realizadas, ¡qué duda cabe! por la "conexión interna judía-fundamentalista". En cuanto a la "justicia" argentina un sólo ejemplo: poco tiempo antes de salir del país mi abogado tuvo que interponer nada menos que dos recursos de habeas corpus preventivo, en un mismo día. Sólo el gobierno, en mi caso personal, mantuvo una actitud respetuosa. Lo peor fue que muchos amigos "de toda la vida", algunos de ellos judíos, me pidieron que ni siquiera los llamara, nunca más, por teléfono. Por haber publicado un libro -- mi libro número 25 -- con las conclusiones de una investigación que cumplía con todos los requisitos académicos, las organizaciones judías trazaron en torno a mi persona un verdadero cordón sanitario que destruyó el conjunto de mis actividades sociales y profesionales. Ni durante los peores momentos de la dictadura militar (primer exilio) sufrí semejante asedio. Tuve que recurrir a un segundo exilio, para salvar la vida. Así están las cosas en la República Argentina. Y en otros muchos lugares del mundo occidental.

Esa ocupación judía de un país, se puede medir por un complejo entramado jurídico-legal que le otorga a los judíos en la Argentina no sólo el status de ciudadanos de primera clase (una minoría étnica que está por encima del resto de los ciudadanos): la legislación argentina actual ha asumido -- de hecho y de derecho -- la naturaleza "diferencial" que los judíos se atribuyen a sí mismos, en tanto "pueblo elegido". Esa ocupación, ya realizada por un grupo étnico que en esencia no es argentino -- porque reivindica y privilegia su Ser Judío y, por lo tanto, el principio de la "doble lealtad", que significa lealtad prioritaria al Estado judío --, tiene manifestaciones múltiples, como la existencia comprobada de grupos paramilitares judíos armados que responden directamente ante la Inteligencia del Estado judío.

Recordemos, p.e., el atentado contra un diplomático iraní en 1996. Este fue baleado a plena luz del día en una de las avenidas más transitadas de Buenos Aires y salvó milagrosamente su vida. Para la Policía argentina se trató de un mero hecho delictivo. No existieron explicaciones diplomáticas por parte argentina. A partir de ese hecho, que se vino a sumar a una larga cadena de acusaciones y agresiones de todo tipo, Irán endurece el diálogo con la Argentina. Dos años después, en un acto judío realizado en Buenos Aires, un periodista de un diario ("La Nación"), que no puede ser definido, obviamente, como "antisemita" informa: "Más de 200 policías garantizaron la seguridad del acto... Estuvieron apoyados por perros entrenados de la Brigada de Explosivos, que husmeaban entre los bolsos de invitados y reporteros gráficos. A estos efectivos se sumaron otros jóvenes de civil y malos modos que se decían afectados a la seguridad del acto. Algunos de ellos, que no hablaban en español, se encargaban de identificar a los periodistas y dificultaban su desplazamiento entre el público" (Fuente: La Nación del 18 de julio de 1998). Esos jóvenes llegados de Israel, que ni siquiera se toman el trabajo de aprender el idioma del país (lo que nos demuestra hasta qué punto ha llegado la ocupación judía de la Argentina, ya que ni siquiera practican las reglas básicas del ocultamiento) son un calco psicológico de Ygal Amir, asesino del general Rabin. En Buenos Aires y otras ciudades de Argentina se ocultan en las escuelas rabínico-militares administradas por los grupos fundamentalistas judíos. Son ellos la verdadera "conexión local" del terrorismo fundamentalista judío.

 

AFRICA ORIENTAL

Marco histórico y geo-religioso

Kenia y Tanzania son países ribereños del Océano Índico. Durante la larga época premusulmana, sus costas fueron visitadas durante siglos por las flotas árabes y persas y, sucesivamente, colonizadas por los árabes. Ver mapa 1 (Fuente: Hervé Coutau-Bégarie, Géostratégie de L'Océan Indien, Fondation pour les études de défense nationale, París 1993).

A partir del nacimiento y de la expansión del islam toda la parte septentrional del Africa oriental se islamiza, en gran parte debido a las corrientes inmigratorias árabes. Kenia y Tanzania son, en un estricto sentido geográfico, naciones de origen musulmanas y árabes. Ver Mapa 2 (Ibídem).

El primer "choque de civilizaciones" con Occidente se produce en los comienzos de siglo XIV: es el choque entre portugueses y otomanos. Ver mapa 3 (Ibídem).

Pero cuando el Imperio Otomano comienza su decline ante las puertas de Viena, la expansión musulmana hacia el Índico se detiene y comienza la conquista de occidental. Fue en ese punto de inflexión de la historia universal cuando se cree poder llegar a definir un concepto geopolítico crucial: a los musulmanes la tierra, a los cristianos el mar (Andrew C. Hess, "The Evolution of de Ottoman Seaborne Empire in the Age of the Oceanic Discoveries", en American Historical Review, diciembre de 1970). La costa oriental africana fue ocupada por Inglaterra -- potencia marítima por excelencia -- porque era la otra ribera de la costa occidental de la India. Actualmente los musulmanes -- chiitas, shiitas y bahawitas, representan el 10% de la población en Kenia, y el 30% en Tanzania.

Los acontecimientos actuales

Cualquiera que haya analizado con cierto detalle la evolución de las relaciones entre el gobierno Demócrata norteamericano y el Estado de Israel en los últimos tiempos, estará en condiciones de conocer con absoluta certidumbre un hecho básico: dentro del fundamentalismo judío (en especial dentro de los "colonos") fue creciendo un odio cada vez más fuerte hacia la Administración Demócrata encabezada por el presidente Clinton. En el plano la política interior de los Estados Unidos, esa hostilidad se canaliza hacia una alianza política -- y, tal vez, estratégica -- con el fundamentalismo evangélico norteamericano, los "sionistas cristianos", a quienes, más adelante, describiremos.

Durante, pongamos por ejemplo, el último año, decenas de manifestaciones en Israel, en especial las organizadas por los colonos israelíes judío-norteamericanos, se convertían, sencillamente, en manifestaciones antinorteamericanas, y más específicamente, en manifestaciones anti-Clinton. La Administración Demócrata norteamericana es percibida por esos sectores fundamentalistas judíos como el enemigo principal de sus proyectos racistas y expansivos. Este es un hecho que cualquier lector de periódicos occidentales puede verificar, leyendo simplemente los despachos de los corresponsales en la región del Oriente Medio.

Parte de ese odio se manifestó en un creciente empeoramiento de las relaciones entre ambos gobiernos. Durante los últimos 50 años, incluyendo el tiempo de la invasión al Líbano (1982), nunca fueron tan malas las relaciones entre los gobiernos de Israel y de los EUA. Ese es el elemento que define, mejor que ningún otro parámetro, al período actual, signado por el "fracaso" del Plan de Paz.

Ese sentimiento antinorteamericano (más específicamente: anti-washingtoniano [Gobierno Federal. Ver, más adelante: relaciones entre el fundamentalismo evangélico norteamericano y el gobierno federal] - que en los últimos tiempos han asumido los colonos israelíes - que en gran parte son de origen norteamericano - no es algo nuevo en Israel. Allí existe, desde hace muchos años, una doctrina, elaborada básicamente por el ejército, que sostiene que "...las potencias occidentales son nuestro principal enemigo, y que el único modo de disuadirlas es por las acciones directas que las aterroricen... (Shimon) Peres comparte esa misma ideología; desea atemorizar a Occidente para que apoye los objetivos de Israel..." (Moshe Shariett, Diario, [Yoman Ishi - Diario Personal]).

Esa doctrina fue elaborada ya en los años cincuenta, y practicada a través de innumerables actos de "terrorismo encubierto", en especial contra "objetivos occidentales" ubicados en Egipto. Luego vuelve a cobrar vida en los años ochenta (Líbano). Ver anexo documental: Diario de Moshe Sharriet.

Actualmente resucita bajo una forma encubierta: "Aunque la responsabilidad por los dos atentados de bomba en Africa Oriental no ha sido todavía establecida, fuentes de la inteligencia israelí están convencidas de que extremistas islámicos están detrás de los atentados y que seguirán atacando blancos americanos -e israelíes- aparentemente desprotegidos... Es habitual que los grupos extremistas islámicos empleen nuevos nombres para sus grupos con el fin de obstruir las investigaciones... Mientras los grupos pueden ser diferentes -algunas veces incluso sin conocerse entre sí o sin tener un mando o un centro de control común- lo que sí tienen en común es la ideología. A las alas centristas y moderadas del Islam les resulta difícil controlar a los grupos extremistas, sea en Argelia donde el asesinato masivo de mujeres y niños está siendo conducido en nombre del Islam, o sea en los atentados sobre edificios americanos como p.e. en Arabia Saudí donde murieron muchos civiles locales. Los atentados en Africa oriental se planificaron obviamente fuera de la región. El empleo de cientos de kilogramos de explosivos es un indicio para la planificación a largo plazo y no corrresponde a una acción improvisada en respuesta a un acontecimiento concreto" (Haaretz, 9 de Agosto).

Ahora la lucha contra la "dictadura" del gobierno federal norteamericano es, además, un objetivo compartido entre el fundamentalismo judío y los sectores evangélicos más extremos dentro de los mismos EUA. Esta fue una de las grandes coincidencias entre Netanyahu y el senador Gingrich. En base ella se organizó el caso Lewinsky contra Clinton, el enemigo (coyuntural) común.

Para demostrar su inocencia ante el mundo, allí estuvieron los esforzados "socorristas" israelíes rescatando víctimas de entre los escombros. Afortunadamente los "socorristas" israelíes que llegaron a Kenia, para "investigar" una cuestión que afectaba directamente a la superpotencia, fueron expulsados del lugar de la explosión por los infantes de marina norteamericanos, que controlaron rápidamente la zona. Esos mismos "socorristas", cuatro años antes, habían llegado a Buenos Aires, (donde también media hora después de la segunda explosión circularon las primeras acusaciones contra Hezbollah e Irán) para dejar el lugar del atentado lleno de falsas pruebas.

En esta ocasión el Jesusalem Post puso el grito en cielo y denunció la expulsión de los agentes israelíes en términos muy duros contra los marines (en: Kenya: Israel aiding blast probe, 11 de agosto): "Agentes de los servicios de inteligencia israelíes están involucrados en las investigaciones sobre los atentados de bombas de las embajadas USA en Kenia y Tanzania, según comunicó el Canal 1 (TV israelí) anoche citando a un oficial militar de Kenia. Este reportaje fue publicado después de que el primer ministro Benjamín Netanyahu había ofrecido los servicios del Mossad y de otras agencias de inteligencia para seguir el rastro de los terroristas. El oficial keniano dijo que los servicios de inteligencia británicos están también en Kenia para ayudar en las investigaciones... El equipo israelí tiene el control sobre las operaciones de rescate y sobre otros equipos de rescate franceses y de voluntarios locales. Pero mientras los kenianos elogiaron el trabajo del equipo israelí, los marines USA han sido criticados, según se informa, por obstruir posiblemente los trabajos de rescate. Un miembro del equipo de rescate israelí dijo a The New York Post que oficiales americanos suspendieron la búsqueda de supervivientes en el interior de la embajada el sábado al anochecer. Otro oficial israelí dijo que tuvo que pelear con los americanos para obtener el permiso de colocar reflectores en lo alto de la embajada destruida para iluminar (el escenario de) la búsqueda ininterrumpida. La embajadora de EE.UU., Prudence Bushnell, herido en el atentado, dijo que debía existir un "malentendido" en la edición de ayer de The New York Post. Los marines estaban tratando de proteger el emplazamiento que podría proporcionar pruebas sobre el atentado del viernes. `Parece que estamos intentando impedir el paso a la gente, pero estamos intentando mantener el emplazamiento intacto', dijo" (Jerusalem Post, 11 de agosto)

Pocas horas después de que Mónica Lewinsky declarara formalmente ante el fiscal especial sobre sus relaciones especiales con el presidente, lo que puede significar el inicio en firme de su destitución, estallan las bombas en las capitales de Kenia y Tanzania. El significado estratégico -- y, aun, filosófico -- que se le pretende dar a ambos atentados, se orienta a favorecer netamente la postura del señor Netanyahu, basada desde siempre en la dicotomía seguridad versus paz. Los atentados "demuestran" -- en especial ante la opinión pública norteamericana, que es el verdadero target de las acciones terroristas- la prioridad absoluta que debe tener la "seguridad" por sobre la paz (y la devolución de territorios). Es decir, confirman la estrategia de la coalición Likud. Además, coyunturalmente, castiga a un presidente (norteamericano), odiado desde hace mucho tiempo por el fundamentalismo judío (y los evangélicos protestantes fundamentalistas norteamericanos: los "sionistas cristianos"), porque había cometido por lo menos tres pecados capitales: sugerir el reconocimiento del futuro Estado palestino, oponerse a la anexión judía de Jerusalén y proponer un acercamiento con la República Islámica de Irán.

En ese sentido meramente coyuntural, los atentados en Africa oriental no pueden sino acelerar la caída del presidente Clinton (que no tomó en cuenta -- y allí estás los atentados para demostrarlo -- los problemas de seguridad). El Financial Times del 10 de agosto señala este "problema de seguridad": los atentados de Africa "... plantean grandes amenazas para el presidente Bill Clinton. No sólo tiene que explicar el fallo del aparato de seguridad más sofisticado del mundo y de su red de inteligencia, también tiene que preparar a la nación para lo que podría ser un largo y arduo proceso para llevar a los responsables ante la justicia. Los antecedentes norteamericanos en determinar responsabilidades por actos terroristas han sido escasos... La política norteamericana sobre actos terroristas en el pasado... en buscar conexiones con un Estado, con Irán y Libia como principales sospechosos. Pero Libia se ha mantenido al margen en los últimos años e Irán... está estrechando sus lazos con los EE.UU. Washington actúa correctamente al moverse con cautela e insinuando que la investigación podría durar años. También sería bueno abstenerse de especular públicamente sobre los posibles sospechosos". El Financial Times no olvida recordar, al final de la nota, la presencia de Europa: "EE.UU. necesita el apoyo de sus aliados al enfrentarse a la amenaza terrorista. Esto es importante ahora que se toman decisiones delicadas en temas como las relaciones con Irán..."

El día 11 de julio de 1998 (menos de un mes antes de las explosiones africanas), todos los corresponsales occidentales en Oriente Medio difundieron una noticia que el gobierno libanés confirmó, luego, oficialmente: había sido descubierta en el Líbano una red de espionaje israelí, integrada por 77 ciudadanos libaneses, que tenía por objetivo principal destruir -- por medio de un "atentado terrorista" -- la embajada de Estados Unidos en Beirut. Luego, al igual que había sucedido en Buenos Aires unos años antes, se acusaría a Hezbollah de haber realizado el atentado. Un desertor del Ejército del Sur del Líbano desbarata la operación. Nada nuevo: terrorismo encubierto. Todos los estudiosos de la política exterior israelí conocen esa estrategia. "Es la misma historia de siempre: atacar y huir tratando de engañar al mundo" (Livia Rokach, El terrorismo de Estado israelí: un análisis de los Diarios de Moshe Sharett en Israel´s Sacred Terrorism, Arabs News, 8 de marzo de 1980).

En este caso, para engañar al mundo luego del fracaso libanés, había que generar a un "culpable" creíble.

La primera tentativa se orientó hacia Irak. Aunque no sea un Estado islámico es, al menos, un Estado árabe. La "venganza de Sadam" sigue siendo una imagen convincente y terrorífica. Pocos meses antes, estando Netanyahu de visita en los EUA, no se pudieron concretar los bombardeos sobre Irak, poseedor de "armas de destrucción masiva" con capacidad "para destruir tres veces al planeta tierra". Hasta ese punto se habían deteriorado las relaciones entre los gobiernos de Washington y de Tel Aviv. Pero ahora, dos días antes de las explosiones del Africa oriental, los inspectores de las Naciones Unidas se retiraron intempestivamente de Bagdad, luego de adoptar una postura insultante -- claramente provocadora -- para la dignidad de Irak. Se dice que ese gobierno pretendía impedir la continuidad de las inspecciones (que ya casi habían terminado: obviamente no había armas de "destrucción masiva" en Irak). Ante el extraño hecho consumado el gobierno de Sadam se queda atónito: faltaba muy poco para finalizar la inspección que levantaría el embargo. No podían impedir las inspecciones porque los inspectores, simplemente, ya se habían marchado (afortunadamente existe una película difundida por la televisión iraquí que absolutamente clarificadora sobre este episodio).

El segundo intento consistió en relacionar los atentados africanos con anteriores operaciones contra tropas norteamericanas de guarnición en Arabia Saudí: en los sagrados lugares. Para ello se inventa una organización inexistente: Frente Internacional Islámico para la Lucha contra Israel y los Cruzados. Hasta el nombre es ridículo e ilógico. Ridículo: porque intenta implicar forzadamente a Europa occidental [los "Cruzados"]; ilógico: porque no se comparecen los conceptos "internacional" e "islámico" [pertenecen a dos épocas distintas dentro del siglo XX: la comunista "internacional" y la poscomunista]. Personalmente no tengo dudas de que fue inventado por el propio Instituto para los Estudios de Contraterrorismo de Tel Aviv. Es esa institución la que difunde en Occidente la imagen de ese Frente Internacional Islámico y Anticruzada (una forma burda de implicar al cristianismo contra el islam): "Una organización que extiende sus tentáculos desde el desierto de Nubia, en Africa, hasta Afganistán".

Algunos grupos en Israel están particularmente interesados en señalar la naturaleza anónima e internacional del "nuevo terrorismo", dado que no hubo ni habrá reivindicación del atentado; lo que en teoría va contra toda lógica política: "Está claro que el terrorismo internacional e indiscriminado no está muerto, pero, como un virus maligno, parece que ha pasado por un proceso de mutación. A las organizaciones terroristas ya no les interesa identificarse reivindicando la responsabilidad de sus crímenes... porque han vuelto a la sombra. Y al igual que los terroristas que cometieron el atentado por bomba contra la embajada de Israel en Buenos Aires, los que atentaron contra las embajadas USA en Africa se han convertido en (terroristas) indiscriminadamente internacionales..." (Jerusalem Post, 9 de agosto de 1998). La guerra mundial contra el "terrorismo islámico" está servida: "El rastrear a terroristas es ahora una prioridad internacional y los americanos merecen pleno apoyo y colaboración internacional en la caza (de los terroritas). Ciudadanos de practicamente todos los países han sido asesinados por terroristas y quedan pocos países que hacen todavía concesiones por una motivación "ideológica" de estos crímenes. Por lo tanto, si se comparte el sufrimiento, la responsabilidad de atrapar a terroristas de cualquier índole debe compartirse doblemente" (Jerusalem Post, ibídem.)

La "conexión saudí" es señalada explícitamente por un periódico inglés de clara tendencia pro-israelí, The Independent. En su edición del 12 de agosto Robert Fisk escribe: "La clave de la identidad y los motivos que inspiraron a las personas que atentaron contra las embajadas de Estados Unidos en Nairobi y Dar es Salam se encuentra en las profundidades de la nación que los estadounidenses consideran su principal aliado en el Golfo Pérsico: Arabia Saudí. El ataque... reflejó la furia creciente de miles de saudíes -- incluidos algunos miembros de la familia real -- contra la continua presencia militar y política de EUA en la tierra que alberga dos de los más importantes santuarios del islam: La Meca y Medina... No fue una casualidad que las bombas explotasen... coincidiendo con el octavo aniversario de la llegada de las primeras tropas de EE.UU. a Arabia Saudía, en 1990..."

El Jerusalem Post, a su vez, recuerda el anterior atentado contra tropas norteamericanos realizado -- pero reivindicado -- en territorio saudí: "Las susceptibles autoridades saudíes, ante el temor que las investigaciones podrían revelar alguna conexión políticamente embarazosa con un Estado de la región, obstruyeron constantemente las investigaciones y negaron el acceso de oficiales USA a los sospechosos clave. Este comportamiento fue particularmente irritante, ya que los saudíes son aliados de los americanos y dependen en mucho de la protección americana contra amenazas regionales como desde Irak o Irán..." (Jerusalem Post, Ibídem).

La tercera hipótesis fue desarrollada por "analistas" argentinos al servicio del Estado judío, que quiere implicar a Irán a toda costa, en los atentados de Buenos Aires. Para estos cipayos los autores de los atentados africanos son miembros de "... la internacional islamista, (que es el) ala dura del poder iraní que intenta por todos los medios `frenar' el acercamiento a Occidente del nuevo presidente iraní (más) una combinación de varios actores en la que intervendrían algunos sectores disidentes del grupo chiita proiraní Hezbollah, teledirigido por Irán y Siria. El contexto interior iraní se hace obvio por la cruda batalla que libran en Teherán los renovadores de Jatamí y el ala conservadora fiel a los valores fiel a los valores del Ayatolah Jomeini" (en Página 12, Buenos Aires, 10 de agosto de 1998). Como de costumbre, se construye una gran imagen falsa a partir de algunos elementos ciertos. Como por ejemplo la disidencia de Hezbollah. Pero naturalmente no se aclara que el "grupo de Baalbek" no tiene ninguna capacidad de acción más allá del Valle de La Bekaa, en el Líbano.

De esa hipótesis, al parecer fecunda, se han derivado luego otras, como la que expone el Foreign Report de Londres, el 13 de agosto. Los "guardianes de la Revolución" iraníes habrían actuado en coordinación con las fuerzas del saudí Ussama Ben Laden, supuestamente exiliado nada menos que en el Afganistán talibán. Conviene recordar que los talibanes, en su origen, fueron una creación de la CIA contra las tropas soviéticas que habían invadido afganistán. Esto parece olvidarlo hoy en día la diplomacia rusa, que señala a Afganistán como el centro del "terrorismo islámico internacional". Pero ya sabemos cuál es la posición -- hegemónica -- que tienen los judíos en la Rusia pos-soviética. A través de los talibanes queda metido en la olla, donde se cocina este nauseabundo guiso de acusaciones, el Paquistán musulmán, flamante miembro del club atómico. Se hace difícil imaginar cómo los iraníes pueden negociar con elementos que mantienen secuestrados a 11 de sus diplomáticos en territorio afgano recientemente conquistado por las fuerzas talibanes. Por otra parte los iraníes, al igual que antiguamente los soviéticos, siempre han denunciado la conexión norteamericana e israelí dentro de la alianza talibán-paquistaní.

Para aumentar la confusión de los pobres ciudadanos occidentales, que deben trabajar todos los días de su vida en empresas con "productividad creciente", el movimiento "islámico-terrorista" por excelencia, Hezbollah, la pesadilla de Israel, condenó duramente los atentados africanos, calificándolos de "criminales". El Sheik Fadlallah consideró que todo este teatro es un montaje sionista-norteamericano. "Es inaceptable para un musulmán matar o herir a un gran número de personas inocentes, cualesquiera que sean las circunstancias. Las acusaciones contra los árabes tienen por objetivo arraigar en el espíritu del hombre occidental y en la opinión pública mundial que ser árabe y musulmán es sinónimo de terrorista" (L'Orient-Le Jour, Beirut, 13 de agosto).

Una lectura atenta de la prensa israelí durante los primeros días pos-atentados permite entrever una estrategia largamente preconcebida, siempre dentro de la línea del "choque de civilizaciones". Haaretz, el 9 de agosto, llama a una guerra contra el Islam. Ahora que el agredido es el propio Estados Unidos, Occidente debe elaborar un programa "activo y ofensivo", algo muy diferente al perfeccionamiento de simples mecanismos de defensa y de intercambio de Inteligencia. Un programa activo contra el terrorismo (islámico) es ahora necesario. Estados Unidos debe asumir un liderazgo que corre el riesgo de perder [En palabras de Joseph S. Nye, citadas por Huntington, "la potencia norteamericana se ha convertido en el `poder blando' que atrae, en vez del poder duro que obliga"]. Un día después el mismo medio "liberal" publica una nota editorial: Terrorism without borders. Todo el mundo debe participar en esta cruzada contra los "zelotes islámicos" [extraña combinación de conceptos: "zelotes" = judíos terroristas antirromanos -- según definición de Flavio Josefo -- de la época del Segundo Templo], incluidos los gobiernos árabes "moderados". Un objetivo secundario pero importante, para Israel, es que, durante todo el tiempo que dure la crisis internacional desatada por los atentados de Africa, podrá continuar oprimiendo al pueblo palestino, cada vez más carente de protección por parte de su "autoridad nacional": durante todo este período las autoridades israelíes continuaron confiscando tierras palestinas para ampliar los asentamientos de los "colonos". Según informó Al Quds, el 13 de agosto. "¿El pueblo palestino tiene derecho a tener un Estado propio?" -- La respuesta de Isaac Levi, líder del Partido Nacional Religioso de Israel fue clara y fulminante: "Nunca han tenido un Estado" (en El Mundo, Madrid, 14 de agosto).

Pero volvamos a Hareetz (9 de Agosto)."Los atentados en Africa oriental este fin de semana se planificaron obviamente fuera de la región. El empleo de cientos de kilogramos de explosivo es un indicio para la planificación a largo plazo y no corresponde a una acción improvisada en respuesta a un acontecimiento concreto. Los Estados Unidos se enfrentan ahora al problema de tener que tomar la ofensiva contra los terroristas...Lo que es necesario es un programa agresivo para luchar activamente contra los terroristas y sus líderes. Pero Los Estados Unidos necesitan jugar un fuerte papel de liderazgo internacional y por ahora Washington lo tiene difícil desempeñar tal liderazgo como lo han demostrado con su respuesta a la carrera de armamento nuclear entre la India y Pakistán, o en la prueba de fuerza con Sadam Husein hace unos meses, o con la omisión de prevenir que Irán y Corea del Norte desarrollen misiles de largo alcance. En Arabia Saudí, por ejemplo, los Estados Unidos no han obrado con el rigor suficiente frente al gobierno saudí cuando solicitaron la colaboración de Riad en la investigación del atentado con bomba contra unas dependencias USA".

La Inteligencia israelí comprende perfectamente que el poder norteamericano en el mundo se encuentra en una fase "decadente". Que el enorme poder material de los EUA no se traduce en voluntad política. Que es el momento en que "países pequeños", como Israel, bien instalados en el interior de la política norteamericana, comiencen a a realizar "la conquista del imperio", desde "adentro" y desde "afuera". Para Arnold Toynbee ello sería un camino natural dentro del proceso universal de las "crisis de las civilizaciones". Por el momento el lobby judío norteamericano verá incrementado su poder con los 1.250 que le aportará la banca suiza, luego de la exitosa operación de chantaje realizada a partir de la religión del holocausto.

Recopilando toda la información histórica de que disponemos (relativa al comportamiento internacional del Estado de Israel) podríamos interpretar -- en buena lógica -- que las agresiones sufridas por dos delegaciones diplomáticas periféricas de la superpotencia, ha correspondido a un objetivo estratégico destinado a comprometer directamente a un futuro gobierno en Washington (recordemos la coincidencia con las próximas elecciones legislativas en los EUA) en una campaña militar contra los enemigos regionales del Estados judío; mejor dicho, contra quien el Estado judío percibe como sus enemigos regionales y religiosos.

De las operaciones ideológicas previas se encargarán -- como siempre -- las jaurías de escribas desparramadas por Occidente: tarea fácil luego de tantos años de histeria antimusulmana. El camino se está despejando para La guerra de 1999, largamente anunciada por el Estado Mayor Israelí. Tal guerra no será más que la destrucción -- utilizando para ello armas nucleares -- de los centros vitales del mundo árabe-musulmán: Teherán, Damasco, Bagdad, Beirut y, tal vez, El Cairo y Riad. Ahora, después de los salvajes atentados africanos, se justifica la destrucción hasta la raíz del odiado "terrorismo islámico"; ahora es preciso destruir los refugios de los que provocan la destrucción y la muerte irracional en nombre de Allah. Sólo un proyecto de tal envergadura puede justificar asumir -- para los grupos operativos judío-israelíes que cometieron los atentados en Africa oriental -- un riesgo tan alto: la posibilidad de que se descubra, por una vez, a los verdaderos culpables.

Sin embargo, hay algunos signos esperanzadores. El 10 de agosto el Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan señaló en Lisboa la conveniencia de organizar una cumbre internacional contra el terrorismo; pudo fundamentar esa propuesta en infinitos antecedentes existentes sobre el tema, pero lo hizo señalando que esa cumbre había sido solicitada por los países islámicos reunidos en diciembre de 1997 en Teherán, en la VIII Conferencia Islámica. En un momento de máxima histeria antiislamista, Kofi Annam, uno de los diplomáticos más astutos de la historia de Naciones Unidas, cometió, al parecer, su primera "torpeza": hacer referencia a la VIII Conferencia Islámica como elemento moderador de crisis internacionales. Un día después "aclaró" su posición: "No está entre mis proyectos actuales convocar una conferencia sobre el terrorismo mundial... Lo que yo he dicho es que estuve presente en la reunión de la Organización de la Conferencia Islámica en Teherán en la que los jefes de Estado presentes condenaron el terrorismo y sugirieron que podría ser el momento de promover una conferencia mundial sobre esta cuestión. Lo que dije también es que posiblemente deberíamos tener en cuenta esa propuesta".

Y así llegamos al punto más importante de esta cuestión: la situación interior de la sociedad norteamericana y sus reflejos sobre su sistema de poder exterior. Si tomamos en cuenta algunos parámetros estructurales que esa sociedad presenta en este fin de siglo, los atentados en Africa pueden producir algo más que una crisis política interior en los EUA. Sus repercusiones podrían generar una verdadera fractura etno-cultural en la sociedad norteamericana, un conglomerado de grupos humanos todos ellos étnica y culturalmente minoritarios. Las recientes olas inmigratorias han modificado drásticamente la composición cultural, religiosa y étnica de los Estados Unidos. Los blancos europeos serán dentro de poco sólo algo más de la mitad de la población. Dentro de ese grupo étnico los más afectados serán los blancos anglo-protestantes. Lo que señala que el propio lobby judío se verá arrastrado a la baja en su poder decisional, que actualmente es enorme. Pero el 14% de la población negra norteamericana incluirá, posiblemente, a la mayor comunidad musulmana del Occidente-central (EUA+Europa Atlántica). Hoy, ya, la Nación -- negra -- del Islam es la mayor comunidad musulmana en Occidente. Y la que presenta un perfil ideológico más firmemente antijudío.

Estos cambios estructurales se producen en un ambiente donde predomina la ideología llamada del "multiculturalismo y la diversidad". La responsable de haber fragmentado a la política exterior de la superpotencia. El "interés nacional" se ha dividido y subdividido en innumerables "intereses étnicos", enfrentados entre sí. Son los lobbys de las diferentes minorías nacionales los que, en última instancia, definen la política de Washington hacia el "mundo exterior". "Para la comprensión de la política exterior de los EUA es necesario estudiar no los intereses del Estado en un mundo de Estados en competencia, sino más bien el juego de intereses económicos y étnicos en la política interior del país. La política exterior, en el sentido de acciones conscientemente designadas para fomentar los intereses de EUA como una entidad colectiva en relación con entidades colectivas semejantes, está lenta pero inexorablemente desapareciendo" (Samuel P. Huntington, Intereses nacionales y unidad nacional).

Dentro de este contexto es preciso reflexionar sobre las dos bombas que en el Africa oriental afectaron, a nivel físico, "intereses norteamericanos". Los efectos explosivos de esas detonaciones pueden ser más devastadores dentro de una sociedad norteamericana -- que ha perdido identidad de manera rápida y contundente a nivel étnico y cultural -- que sobre los mismos edificios de las embajadas de una superpotencia blanda, ubicados en lejanos puntos del planeta.

Dado el estado de fragmentación en que se encuentra el sistema decisional exterior, tampoco habría que descartar la existencia de una convergencia de intereses externos e internos, similar -- aunque en escala menor, naturalmente -- a los acontecimientos que permitieron a la escuadra japonesa, en diciembre de 1941, bombardear la base de Pearl Harbour. Sólo esa acción, que fue consentida y alentada por los más altos mandos militares y políticos de un gobierno universalista-demócrata, venció las resistencias sociales aislacionistas y posibilitó la entrada de los EUA en la segunda guerra mundial. Pero aquellos eran otros tiempos: los Estados Unidos representaban plenamente el papel de una potencia imperialista joven y dura.

Todo indica que estamos viviendo una época de la historia del mundo en la cual un grupo humano específico, dotado de una ideología mesiánica y de una arraigada conciencia de superioridad respecto del resto de los mortales, parece decidido a la conquista del mundo, y no sólo de los Estados Unidos de Norteamérica. Ese grupo humano no sólo se lanza al abordaje de bancos europeos -- suizos y alemanes, por el momento --; sobre todo, desde su bunker de Nueva York, la capital judía del Hemisferio Occidental, devalúa monedas y hunde naciones en todo el mundo, desde Indonesia hasta Rusia. Estos atracadores planetarios están atrincherados detrás de un Mito, el del "Holocausto". El es su única fuerza moral.

ESTADOS UNIDOS: CAPACIDAD DE GLOBALIZACIÓN Y VOLUNTAD "AISLACIONISTA". DE LA ESTRATEGIA DE "CONTENCIÓN" A LA ESTRATEGIA DE "EXPANSIÓN".

El primer Asesor de seguridad nacional del presidente norteamericano, Anthony Lake, expresó -- durante la última semana de setiembre de 1993 -- el primer esbozo público y explícito de la concepción estratégica globalista.

Según Lake, esta concepción fue elaborada con el objeto de sustituir la estrategia de contención dominante durante la guerra fría. "La estrategia continuadora de la doctrina de contención debe ser de expansión -- expansión de la comunidad libre de democracias de mercado del mundo" (Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de la John Hopkins University).

Lake presentó los principales lineamientos dentro de los cuales el gobierno norteamericano escogerá sus opciones de política internacional. "Para ser exitosa una estrategia de expansión debe presentar distinciones y establecer prioridades". La nueva estrategia se desarrollará principalmente sobre cuatro prioridades.

La primera prioridad de la "estrategia de expansión", "debe ser el fortalecimiento de un núcleo conformado por las grandes democracias de mercado del mundo, así como los vínculos existentes entre ellas, revalorizando el sentido de sus intereses comunes". "El estancamiento económico y sus consecuencias políticas limitan una capacidad de acción decisiva de las grandes potencias democráticas en sus múltiples desafíos comunes, desde el GATT hasta Bosnia".

La segunda prioridad de la "estrategia de expansión" es ayudar a la democracia y a la economía de mercado a expandirse y sobrevivir en lugares como Rusia, Europa Oriental y otras regiones ex-comunistas, "donde tenemos las mayores preocupaciones de seguridad y donde podemos tomar la mayor ganancia. La meta es la transformación de países que en otro momento fueron amenazas, en socios económicos y diplomáticos".

Tercera prioridad: "Minimizar la capacidad de acción de Estados de fuera del círculo de la democracia y del mercado libre". Se procurará "aislar a esos Estados, en términos militares, diplomáticos, económicos y tecnológicos".

Cuarta prioridad: "Intervenciones humanitarias". Debe existir la decisión de intervenir. Vivimos en una época en la cual existen menos restricciones que en la época de la bipolaridad para intervenir en países extranjeros. Las intervenciones se justifican en la resolución de problemas de seguridad nacional.

El dato fundamental, que caracteriza a la actual interacción de EEUU con el mundo, es la inexistencia de una voluntad acorde con los principios antes enunciados. Ello significa, en términos políticos, más "reacción" que "acción", más "control de crisis" que "manejo de crisis"; ello sugiere, en última instancia, ir detrás de los acontecimientos y no delante de ellos.

La lógica del poder -- esto es, la de una política exterior global que pretenda mantenerse en la cúspide de las decisiones mundiales --, inevitablemente implica detentar la vanguardia y no la retaguardia en el devenir de los hechos. Significa necesariamente "estar" en el mundo. En ello se debate hoy, como en su origen, la "república-imperial": la tensión entre aislacionismo y globalismo vuelve al centro de la escena.

Lo cierto es que hoy es impensable un liderazgo mundial sin una activa, clara y decidida participación, que asuma oportunidades y riesgos. La república-imperial, so pena de desmoronarse, no puede ya replegarse. Pero la tendencia al aislacionismo es muy fuerte, y el globalismo activo -- base de toda política exterior de cualquier nación que pretenda detentar el rango de superpotencia -- se encuentra hondamente fracturado.

El "destino manifiesto" de la nación estadounidense, y su labor "civilizatoria" -- imposición de sus patrones fundacionales --, se ven hoy desorientados en la actual situación mundial. Las indecisiones, la ausencia de coherencia y de definición ante potenciales y actuales problemas y conflictos, se tornan día a día más graves. Los acontecimientos internacionales a los cuales se ha enfrentado EEUU, muestran no sólo su desconcierto y confusión, sino también la ausencia de una política exterior cabal y la falta de una elaboración estratégica no convencional acorde a los actuales tiempos, para dirimir acontecimientos y retomar el pretendido liderazgo.

Desde el punto de vista de sus "capacidades", los EEUU están en condiciones de desarrollar una política exterior auténticamente global, esto es, de proyectar poder en busca del logro de ciertos patrones de equilibrio que le den gobernabilidad al sistema. Pero, desde el punto de vista de sus "voluntades" -- y éste es el factor decisivo --, los EEUU se encuentran fuertemente inclinados hacia el "aislacionismo", por varias y diferentes cuestiones, lo cual impide el desarrollo de una política exterior "activa", convencida y convincente.

La sociedad norteamericana está polarizada (como lo estuvo y lo está, en otro nivel y circunstancia, la francesa [y gran parte de la europea] en torno a Maastricht). Esa polarización implica una fractura de la sociedad prácticamente en sectores iguales y antagónicos. No es casual que en todos los últimos grandes referendums producidos en los países capitalistas centrales, en los que la cuestión de fondo estaba siempre referida a la relación nación/mundo, en todos los casos las sociedades se escindieron en un empate casi simétrico. En los últimos tiempos esta situación va cambiando sólo en un sentido. Hacia fines de 1997 el 80% de los alemanes estaba contra el "proyecto de moneda única"; sin embargo la casi totalidad de la clase política dirigente de ese país lo apoyaba casi sin fisuras.

El resultado final de esta disociación -- hacia el mediano y largo plazo -- es el de restar total operatividad a cualquier decisión que se adopte, porque la misma -- cualquiera ella sea -- carece de la fuerza social interior necesaria para respaldarla en el largo plazo dentro de un entorno crecientemente desfavorable. Surgen así políticas carentes de convicción (voluntad) porque son políticas que surgen del disenso. Esto es, de la polarización interior.

Las grandes decisiones exitosas de la política exterior norteamericana tuvieron siempre un fuerte respaldo social interior. Por el contrario, sus grandes fracasos siempre se originaron en fallas y fisuras localizadas dentro de la sociedad norteamericana. Los dos grandes ejemplos, de una y otra situación, siguen siendo: la entrada norteamericana en la IIGM (luego de Pearl Harbour) y la derrota de sus ejércitos en Vietnam.

La administración Clinton parece agudizar y llevar al límite esta disociación-polarización, este divorcio entre capacidades y voluntades. La inexistencia de "voluntad" y apoyo en la opinión pública norteamericana hacia una política exterior activa, que normalmente obliga a descuidar los problemas domésticos, no permite que la clase dirigente asuma sin complejos ni temores de censura, el papel dinámico en el escenario mundial para estar a la altura de los acontecimientos.

La ausencia de voluntad y convicción por parte de la opinión pública, está condicionada por los costos que tal liderazgo y tal política exterior requerirían a su nación, en un mundo tan incierto y conflictivo. Ello, no sólo por factores externos (¿Por qué intervenir y morir en guerras ajenas?), sino también por factores internos que tienen que ver con una nueva definición del concepto de seguridad nacional de la cual la opinión pública es conciente: seguridad nacional es hoy, una economía fuerte que revierta la situación de los EEUU como principal deudor mundial, así como el deterioro en los niveles de vida ejemplificados por la creciente marginalidad, por el deterioro de los seguros sociales, médicos, etc.; casi todos hechos percibidos por el electorado norteamericano como consecuencia de la "cruzada" estadounidense llevada a cabo años atrás contra el comunismo. Por estos y otros factores, la cohesión y la voluntad interna para ejercer un fuerte liderazgo en la escena mundial, no existen. Una política exterior creíble, cabal y efectiva, debe estar apoyada en la convicción de utilizar el poder en caso de ser necesario. Pero ¿qué es el poder sino la sumatoria de capacidades y voluntades?

La ruptura del orden bipolar

La segunda causa del desconcierto norteamericano y de la ausencia de una política exterior coherente y activa (más allá de los intereses específicos del lobby judío-norteamericano, y de otros intereses organizados étnicos específicos, como el polaco, el saudí, el irlandés o el armenio), que no sólo se dedica a reaccionar ante problemas y conflictos, debemos buscarla en la honda incomprensión del nuevo escenario internacional y la consecuente carencia de estrategias no convencionales.

En los últimos cincuenta años, EEUU definió "intereses" a partir de "amenazas"; esto es, militarizó su política exterior. La ex Unión Soviética se convirtió en el objetivo político-militar de la política exterior norteamericana. El orden bipolar redujo amenazas y simplificó, no sólo la definición de intereses, sino también la "vida misma", a la vez que unificaba voluntades internas - opinión pública - y externas - mundo occidental.

Los EEUU siguen hoy definiendo intereses a partir de amenazas. Pero quien define la amenaza principal no es la sociedad americana en su conjunto, sino, principalmente, el lobby judío de la "costa este". Lo cierto es que hoy, con innumerables e inciertas amenazas y riesgos, no pueden ya seguir definiéndose intereses, puesto que ha cambiado la naturaleza misma de las relaciones entre aquellos y las actuales "amenazas". Los riesgos y las amenazas de hoy no pueden ya "sólo" militarizarse, ya que atañen más que nunca a nuevas definiciones del concepto de seguridad nacional. No significa esto descartar postulados del "realismo" político, ni que el poder deje de ser el factor central de la política internacional, sino y por el contrario, significa que el poder adquiere hoy formas mucho más variadas que las de la simple fuerza militar (Ver: El Estado Homogéneo Universal, en la tercera parte de este mismo libro).

El equívoco en la aplicación por parte de los EEUU de la vía militar en Somalía o en Haití, en Panamá o Irak, por sobre la salida política negociada, recuerda en buena medida -- salvando coyunturas -- el episodio de Vietnam. No alcanza muchas veces con ser el "más fuerte" para vencer. Y ello es especialmente cierto en esta fase de total hegemonía del lobby judío-norteamericano. Su extraordinaria potencia aparente es su gran debilidad, ya que la política exterior de este imperio sui géneris depende de la viabilidad de un micro-Estado: el de Israel. No hay ninguna analogía posible con Roma. La ausencia de claridad estratégica es, sin dudas, el mayor enemigo actual de la misma nación norteamericana.

Desorientado, y al comprobar que su poder panóptico no resulta efectivo en conflictos tan concretos como cercanos -- Haití, por ejemplo, -- EEUU se siente acechado por potencias "renovantes" o "estados transgresores" -- aquellos que pretenden modificar el status quo como única vía de mejorar posicionamientos --; esta situación obliga permanentemente a los Estados Unidos a definir hasta dónde está dispuesto a correr riesgos y comprometer recursos, en la determinación del nuevo mapa de poder de la pos-guerra fría.

Pero, en tal enfrentamiento, los EEUU se encuentran en situación de orfandad estratégica. De los elementos claves conformantes de toda estrategia -- capacidades, objetivos, conceptos y voluntades -- los EEUU poseen sólo, hoy, sin cuestionamientos, el primero de ellos. No obstante, tales "capacidades" norteamericanas se encuentran en declive merced no sólo al fortalecimiento de las capacidades y voluntades de actores secundarios, fundamentalmente los llamados "transgresores", sino también debido al deterioro de la misma situación interna estadounidense.

Agravando tal cuadro de orfandad estatégica, la confusión y el desconcierto norteamericano se profundiza al comprobar el propio EEUU la ineficacia de sus maniobras disuasivas, otrora exitosas. Ello no podía ser de otra forma, puesto que uno de los elementos centrales de la disuasión, es la proyección hacia terceros actores de la determinación propia. Pero ¿cómo puede existir determinación cuando se carece de la voluntad para la acción, cuando es un grupo concreto (lobby interno), y no "la Nación", quien define toda la política externa (e interna)?

Independientemente de los factores enunciados, los EEUU "desconocen" el mundo, debido a la "superioridad moral" que se autoadjudican. Ella es una herencia inequívoca de la lectura con ojos calvinistas del Antiguo Testamento o Biblia Hebrea. Esta superioridad, devenida en mandato moral destinado a enderezar el mundo (Tribunal de Nuremberg), en base a su misión civilizatoria enmarcada en la promoción de determinados valores -- democracia, libre mercado, derechos humanos -- alcanzó su cenit en la fundamentación de lo que se dio en llamar "el fin de la historia".

Pero la defensa y promoción de valores, sólo fue, es y será tenida en cuenta, después de que se hallan asegurado los intereses históricos vitales estadounidenses: seguridad, estabilidad y hegemonía. En tal caso, no sólo serán respetados aquellos valores sino, y también, utilizados con convicción y sin escrúpulos en la justificación de acciones "non sanctas". En este aspecto, EEUU sólo buscó siempre la Pax y no la Paz. Su política en Oriente Medio, encauzada por el lobby judío-americano, es la mejor demostración concreta de esta verdad genérica.

Hegel, Haushofer y Spengler

Así como en la Fenomenología del Espíritu, Hegel piensa a Napoleón, a su Imperio y al Estado Homogéneo Universal, el Polo Euroasiático (PEAS) fue profetizado por Oswald Spengler y el general profesor Karl Haushofer. El distanciamiento respecto de Europa y el resurgir del aislacionismo, son cuestiones que habían sido señaladas por el general Haushofer hace ya siete décadas. Haushofer imaginó exactamente un teatro altamente conflictivo, dentro de "una gigantesca tempestad". De hecho Haushofer aconsejó, a los dirigentes alemanes de la época, favorecer todos los factores que tiendan a profundizar la tradicional vocación norteamericana por el aislacionismo. Cuanto más grande sea la distancia entre ambas márgenes del Atlántico, mayor será la seguridad de los pueblos del corazón terrestre (Heartland).

El acortamiento de la distancia entre ambas orillas de la Cuenca del Atlántico significa que los Estados Unidos deciden unir su suerte a la del Imperio Británico (Haushofer,1925). Ello representa una situación de alto riesgo tanto para la Isla Mundial (Eurasia) como para el Satélite de la Isla Mundial (EUA). En 1930 Haushofer escribió estas proféticas palabras: "Nos enfrentamos hoy con un tipo de grandes potencias totalmente diferentes. Sólo un síntoma permanece sin alteración: la voluntad de poder y de expansión. Una estabilización de poderes en equilibrio no ofrece una solución final. Allí donde falta la voluntad de poder, el concepto de gran potencia carece de sentido, incluso cuando haya nacido en grandes espacios". Haushofer estaba convencido de que, en última instancia, los Estados Unidos retirarán de la mesa de juego su apuesta original por la dominación mundial, centrada en la lucha contra los nuevos imperios emergentes en el espacio euroasiático.

DEL TERRORISMO SECULAR AL TERRORISMO "TEOLOGICO".

Sobre el fundamentalismo evangélico/calvinista.

En los Estados Unidos de Norteamérica el fenómeno socio/cultural contemporáneo más importante es la emergencia de distintas modalidades de un fundamentalismo de raíz evangélico/calvinista. La plena vigencia de esta realidad tiene múltiples manifestaciones, aunque en esencia todas ellas buscan como objetivo central restaurar el poder de los Estados Unidos en el mundo. Esta es la clave para entender el significado de la alianza entre el fundamentalismo evangélico norteamericano y el fundamentalismo judío israelí, más allá de su clara convergencia teológica. Los primeros buscan re-encontrar una perdida voluntad de poder. Para ello proponen un retorno a los fundamentos religiosos "americanos". Los fundamentalistas judíos, en cambio, buscan controlar para sí la enorme capacidad norteamericana, dotándola de una nueva voluntad.

En el plano político/económico resultan obvias las relaciones entre fundamentalismo evangélico/calvinista y aislacionismo estratégico, porque la alternativa terrorista dentro de los Estados Unidos (Oklahoma), producida en función de factores absolutamente endógenos, es una situación en su totalidad indesligable del crecimiento político del ala más extrema del "republicanismo" norteamericano. La eclosión de un terrorismo endógeno de raíz fundamentalista en la tradición del evangelismo calvinista no pudo haberse manifestado -- bajo ninguna circunstancia -- antes de que se lograra esa hegemonía (no tanto política cuanto cultural) "conservadora", que es una expresión profunda de la sociedad norteamericana.

"Sólo los Estados Unidos pueden dirigir al mundo. Estados Unidos sigue siendo la única civilización global y universal en la historia de la humanidad. En menos de 300 años nuestro sistema de democracia representativa, libertades individuales, libertades personales y empresa libre ha puesto los cimientos del mayor boom económico de la historia. Nuestro sistema de valores es imitado en el mundo entero. Nuestra tecnología ha revolucionado la forma de vida de la humanidad y ha sido la principal fuerza impulsora de la globalización ... La revolución política y cultural que está ahora en proceso en Estados Unidos -- marcada por la llegada de un nuevo Congreso republicano a Washington -- está encaminada, por encima de todo, a acabar con la decadencia de nuestro sistema mediante la renovación del compromiso con los valores y principios que han hecho que la civilización norteamericana sea única en el mundo". Senador Newt Gingrich, Los Estados Unidos y los desafíos de nuestro tiempo.

Son muy pocos los analistas del sistema político norteamericano que relacionan el retorno masivo del "conservadurismo republicano" a los más importantes resortes de poder de ese país, con el largo y profundo proceso de transformaciones culturales y religiosas que vienen experimentando las bases blancas anglo-protestantes de la sociedad norteamericana en, por lo menos, las últimas dos décadas, y a ambas situaciones con el inicio de un conflicto civil (racial, económico, social y teológico) de grandes proporciones.

La clave de la nueva situación que se avecina puede ser graficada a partir de la imagen del iceberg: las escaramuzas que vemos en la superficie de la política norteamericana no son más que reflejos, efectos casi secundarios de "...un movimiento de fondo que ha llevado a ciertas capas de la sociedad estadounidense a formular en categorías evangélicas o fundamentalistas el rechazo a los 'valores seculares', que consideran dominantes y nefastos, y el anhelo de un cambio profundo de la ética social" (Gilles Kepel, La revancha de Dios).

A diferencia de lo ocurrido en la "era Reagan" (que, vista a la distancia, puede ser definida como una simple alteración de la política económica) lo que hoy se propone la nueva dirigencia evangélico/republicana es refundar lo que ellos llaman la civilización (norte)americana. El programa que contiene los objetivos políticos inmediatos del partido Republicano está contenido en un texto sugestivamente titulado Contrato con América. Tal "Contrato" se basa fundamentalmente en:

Se trata sólo de medidas de corto plazo muchas de las cuales ya han sido adoptadas por el Partido Demócrata- ya que los principales dirigentes políticos y religiosos que avalan el Contrato previeron un tiempo mayor, que ya está llegando a su fin, para derrotar a las "élites progresistas, esa pequeña facción de liberales contraculturales que están aterrorizados ante esta gran oportunidad de renovar la civilización americana" (Gingrich se refiere sin duda alguna a la Administración Clinton, impulsora del "multiculturalismo").

La búsqueda de la nueva identidad norteamericana pasa hoy por un retorno decidido al individualismo y al calvinismo radical, con raíces en el valor del colono, en la confianza en el poder del individuo, en la fe sobre un sueño de éxito en una tierra de promisión. Esta última interpretación, que es genéricamente correcta, no logra sin embargo abarcar la diferenciada intensidad del nuevo movimiento que se avecina, luego de la caída de Clinton.

El nuevo conservadurismo norteamericano no es más que la expresión política superficial de un movimiento religioso y cultural profundo orientado a enterrar la "mentalidad liberal" y el "humanismo secular". Por debajo de los movimientos políticos están los movimientos religiosos y culturales que, por primera vez, son los que impulsan a los primeros. Por eso son tan importantes algunas cuestiones como la del rezo en las escuelas. A partir de allí los movimientos evangelizadores de base esperan lograr una nueva articulación entre la familia y la sociedad civil, impugnando la política educativa "sin Dios" que impulsa el Estado secular liberal.

Los activistas más destacados del movimiento tras la fachada política son los evangélicos, que han realizado en las últimas décadas una práctica social y educativa de gran significación en la sociedad norteamericana. Hacia los finales de los años 60 "...esa práctica se ejercía en diferentes niveles, de la parroquia a la constitución de redes nacionales que se valen de los grandes medios -primero la radio y la prensa, luego la televisión- para difundir un mensaje de resocialización, de reconstitución de comunidades creyentes que, más tarde, de mediados de los 70 en adelante, apuntará a la transformación política de América por medio de la recristianización". (Gilles Kepel, op.cit).

Las profundas modificaciones que se están introduciendo en la composición étnica de la población del espacio norteamericano de la civilización occidental es un factor que afecta decididamente al decline de esa civilización -entendiéndola a partir de su proyecto fundacional. Entre 1980 y 2050 la población blanca descenderá del 80 al 52,8%: es decir se convertirá sólo en la "primera minoría" racial.

Estamos en presencia de un gran cisma espiritual que fue señalado por Toynbee como causa básica de la crisis de las civilizaciones : "...es el signo inequívoco de una ruptura espiritual que hiere las almas de los individuos pertenecientes a una sociedad en proceso de desintegración. En las expresiones sociales de esa desintegración, subyacen las crisis personales de conducta, creencia y vida, que son la verdadera esencia y origen de las manifestaciones visibles del colapso social" (Toynbee, El Estudio de la Historia).

No es en absoluto una casualidad que el terrorismo en los Estados Unidos de Norteamérica, ya definido como endógeno, fundamentalista, conservador y aislacionista, que se manifiesta en contra de las grandes megalópolis "internacionalizadas" (en verdad, multirraciales, con altos crecimientos en la tasa demográfica) de ese mismo país, eclosione en los espacios tradicionales de la "América profunda". La estructura ideológica del terrorismo fundamentalista norteamericano responde con absoluta exactitud al modelo que expone David Rapoport (en: Terrorismo sagrado): "La tarea fundamental es deshacerse del enemigo interno porque, sin apóstatas, los enemigos externos son impotentes".

En este caso el Enemigo Interno Nº1 es un Estado Federal "globalizado". Ese Estado Federal -- cosmopolita y multirracial (o poliétnico y multicultural) --, dada la evolución actual de su base económica/productiva no tiene otra alternativa que erradicar "los elementos fundacionales de los Estados Unidos" en función de la globalización internacionalista. Allí aparecen los "guerreros de la tradición", quienes representan "el período fundacional" (de la nación norteamericana) en el cual Dios (en su versión original calvinista y, luego, evangélica) estaba en contacto directo con la comunidad de los colonos/peregrinos. Nótese el paralelismo con el pensamiento de los colonos judíos fundamentalistas, que proviene de dos lecturas similares del Antiguo Testamento.

Esa internacionalización es la vía que llevará al Planeta, de una guerra civil occidental, a una guerra global intercivilizaciones. El funcionamiento del sistema internacional de las últimas décadas y sus proyecciones más probables pueden ser periodizados de acuerdo a la siguiente secuencia: Guerra fría, período de incertidumbre, paz fría (situación actual), guerra civil mundial o guerra global intercivilizaciones.

Antes hemos utilizado ex-profeso la palabra "tradición", porque la misma tiene un correlato causal con la estructura económico/productiva - asimismo "tradicional" en la doble dimensión agro e industrial -- de la cual emergen estos grupos paramilitares, quienes se diferencian del terrorismo secular anterior porque sólo están legitimados por una determinada interpretación que hacen ellos mismos de su propio pasado, de su "período fundacional". El "viejo" terrorismo secular, en cambio "describe y evalúa un conjunto de tácticas diferentes, que funcionarán según lo indiquen la historia y la razón" (Rapoport, op.cit.).

Decadencia de la "civilización norteamericana": embriaguez de victoria. Exceso de ambición. Una sociedad idolizada.

Para explicar en términos culturales lo que hoy está sucediendo en el interior del Imperio transcribiremos un fragmento de un magno tratado de verdadera ciencia económica, que encierra una visión estratégica universal y atemporal: "Os quejáis de la agresión de enemigos externos. Mas si el enemigo externo cesara de hostigar, ¿serían realmente capaces los romanos de vivir en paz con los romanos? Si el peligro exterior de invasión por parte de bárbaros armados pudiera ser conjurado ¿no quedaríamos expuestos a una agresión civil, más feroz y pesada, en el frente interior, en forma de calumnias e injurias infligidas por los poderosos a sus más débiles conciudadanos? Os quejáis de las malas cosechas y de las hambres, pero las peores hambres no se deben a la sequía, sino a la rapacidad, y la más flagrante miseria nace del lucro excesivo y del aumento de precios en el mercado del trigo. Os quejáis de que las nubes no vierten su lluvia en el cielo, e ignoráis los graneros que dejan de verter su cereal en la tierra. Os quejáis del descenso de la producción y pasáis por alto el fallo en la distribución a quienes lo necesitan de lo que en la actualidad se produce. Denunciáis la plaga y la pestilencia, mientras que, en realidad, el efecto de tales calamidades es sacar a la luz o hacer comprender los crímenes de los seres humanos..." (San Cipriano, Ad Demetrianum, citado por Toynbee, en El Estudio de la Historia).

"Las civilizaciones han hallado la muerte no por causa del asalto de un agente externo e incontrolable, sino por sus propias manos (Toynbee, op.cit.). En el siglo IV un obispo cristiano occidental llegó a la misma conclusión: "El enemigo se halla dentro de vosotros; la causa de vuestro error radica en vosotros. Os digo que se encierra sólo en vosotros" (Ambrosio, Hexameron I).

Toynbee expone un proceso universal que conduce al "colapso de las civilizaciones". Simplificándolo brutalmente, ese "mecanismo" macrohistórico funciona de la siguiente manera. En principio la catástrofe se origina en la "facultad de mimesis" y finaliza con la "amnesis de la creatividad". Una sociedad caracterizada por la producción de "máquinas" (que son cada vez menos "mecánicas") convierte a las relaciones sociales en un "mecanismo", y comienza a implementar respuestas "mecánicas" a problemas nuevos. Queda erradicada la iniciativa, es decir aquello que llevó a esa sociedad a la cúspide del poder. La sociedad se mimetiza con la máquina que ella misma ha construido. "El ritmo mecánico constituye el noventa por ciento de un organismo (socio/histórico), y está subordinado al resto, a fin de que ese otro diez por ciento de energía pueda concentrarse en la evolución creadora. Si dicho ritmo se extiende a la totalidad (socio/histórica) ésta se degrada hasta la monstruosidad de un autómata. La diferencia entre un noventa por ciento y un ciento por ciento de mecanización es toda la diferencia en el mundo. Y precisamente se trata de una diferencia entre una sociedad en crecimiento y una sociedad estancada... Una pérdida de la autodecisión es el criterio último del hundimiento, pues es la inversa del criterio de crecimiento" (Toynbee).

Cuando una civilización olvida que su rol es de creación y no de destrucción se genera un campo para que actúe "la envidia de los dioses". Según Herodoto: "No permite Dios que nadie se encumbre en su competencia". Pero en verdad se trata de una sociedad estancada que se destruye a sí misma. A partir del "olvido" de la creatividad, que se origina en la "embriaguez de la victoria" y en una "ambición excesiva" comienza el proceso terminal, consistente en la "idolización de un yo efímero": "La idolatría puede definirse como una adoración intelectual y moralmente ciega de la parte en lugar del todo, de la criatura en vez del Creador, del tiempo y no de la eternidad" (Toynbee). No sólo las sociedades modernas idolizan a ciertas instituciones y a ciertas metodología de pensamiento (democracia/ciencia, p.e.). "Un caso clásico en el que idolizar una institución condujo a una civilización entera al desastre, viene dado por el engreimiento de la cristiandad ortodoxa, que se consideraba como un espectro del Imperio Romano. Esta antigua institución cumplió su función histórica y completó su ciclo natural de vida antes de que la sociedad cristiana ortodoxa llevara a cabo su fatal intento de resucitarla" (Toynbee).

El punto final, en el que se encuentra actualmente la "civilización norteamericana", es la idolización de una tecnología y de una técnica militar efímera. "Antes del día fatal en que desafía a los ejércitos de Israel, Goliat ha cosechado tan rotundas victorias con su maciza lanza y su impenetrable armadura, que ya no puede concebir ningún otro armamento, y se considera invencible" (Toynbee).

LA "CONEXIÓN ARGENTINA": LOS ATENTADOS DE BUENOS AIRES

Existe un vínculo estrecho y directo que une a los atentados de Africa con los de Buenos Aires. Toda la prensa internacional e israelí lo ha señalado con fuerza y rotundidad.

Personalmente vengo trabajando en el estudio de esos atentados desde el mismo día en que se produjo el segundo de ellos, desde el 18 de julio de 1994. En mi último libro sintetizo los resultados de esa investigación de cuatro años. La edición española de La falsificación de la realidad, la Argentina en el espacio geopolítico del terrorismo judío, fue presentada en la Feria del Libro de Madrid a comienzos de junio de 1998, por Ediciones Libertarias, de Madrid.

Muchos lectores españoles opinaron que, La falsificación de la realidad es un libro "demasiado duro", "demasiado directo". Yo estaría de acuerdo con ellos si el origen de ese libro no hubiese sido una investigación sobre un asesinato colectivo, pues eso fueron ambos atentados de Buenos Aires.

Hubo, entonces, en el origen de ese libro, dos investigaciones sobre un asesinato colectivo. Una de ellas fue la oficial, la otra, la mía, la que se expone en el libro. Entre ambas investigaciones hay una enorme diferencia. La investigación oficial es un balbuceo político, un laberinto jurídico y, finalmente, un callejón sin salida. Incumplió con lo fundamental: sólo "aportó" sospechas y difamaciones, pero ni un sola prueba. La investigación que se desarrolla en este libro brinda lo que puede esperarse de él: una explicación lógica y coherente sobre uno de los más importantes asesinatos colectivos realizados en Occidente desde la última posguerra (naturalmente antes de que ocurriera la explosión de Nairobi). Y señala: las pruebas serán "liberadas" cuando la crisis del Estado de Israel llegue a su plenitud.

La investigación contenida en ese libro presenta al único culpable posible dentro de un contexto lógico-histórico: a las organizaciones terroristas judías que hoy co-participan del poder en el Estado de Israel. La investigación oficial nunca estuvo en condiciones de desmentir -- y hoy menos que nunca -- esta conclusión. En ningún momento dispuso de un contexto explicativo coherente sobre los atentados de Buenos Aires. Esas organizaciones judías fueron las que asesinaron a Isaac Rabin. Las que ejecutan atentados a todo lo largo y lo ancho del mundo (para luego adjudicárselos al "terrorismo islámico"). Son las bandas que agreden e intimidan a los intelectuales occidentales que dudan sobre los Mitos judíos. Son las mismas organizaciones que se han burlado descaradamente de Occidente negándose a cumplir con los Acuerdos de Oslo. Representan a la fracción nacionalista judía que niega el universalismo judío. Esas organizaciones están asimismo preparando un golpe de Estado contra la cúpula de la Administración Demócrata en los EUA. Representan al judaísmo nacionalista que vuelve a la versión primitiva, tribal y sangrienta de Yhaveh (a una interpretación real-literal del Antiguo Testamento). Son, en definitiva, el componente dominante de la actual estructura teológica y estratégica del mismo Estado judío.

El resto del libro no es más que una historia de los Mitos judíos que encajan absolutamente con la ficción que se pretendió construir en torno a los atentados de Buenos Aires, que son vistos en ese libro bajo la óptica de una doble acción delictiva: la realización de los atentados - propiamente dichos - y la inmediata intención de adjudicárselos al conjunto de la sociedad argentina, que fue totalmente ajena a los mismos. En esa doble operación criminal, las organizaciones que representan a los judíos radicados en la argentina se comportaron, en un estricto sentido, como extranjeros-enemigos. Los Mitos judíos que son expuestos en ese libro constituyen una historia de la que han surgido y de la que se nutren las organizaciones que llevaron a cabo las matanzas de Buenos Aires, y la inculpación automática de la sociedad argentina en ellas. Esas organizaciones se han autodesignado "elegidas". Allí donde estén, son "superiores" a las "gentes de la tierra". Por lo tanto no hay "dureza" en este libro, sino radicalidad, en el sentido en que Karl Marx, un judío racionalista, definía este concepto: llegar hasta la raíz del problema.

Judaísmo y globalización: el caso argentino

La ocupación judía del Estado argentino fue un proceso paralelo a la destrucción de la sociedad argentina, que se produce a partir de la la globalización de su economía.

Históricamente, Argentina tuvo Estado de Bienestar mucho antes que en Occidente se inventara ese concepto. Hoy, el 20% del segmento social más pobre, los habitantes de las áreas periféricas dentro del propio territorio nacional, más de siete millones de personas (Untermensh, o "cabecitas negras"), tiene un ingreso mensual de apenas 62 dólares, es decir, esos sectores etno-territoriales registran ingresos más bajos que los más bajos del mundo: Bangladesh y Nepal (Fuente: Encuesta permanente de hogares y distribución nacional del ingreso. Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, Buenos Aires, 1998).

Esos 7.224.986 argentinos, de un total de 35 millones, son los habitantes de las regiones de escaso "interés económico" o de "segunda velocidad". Son los habitantes "negros" del Noreste, de Noroeste y de la Patagonia argentina. En los conglomerados suburbanos que cercan a las grandes metrópolis, en esas enormes manchas de mugre, la situación es algo mejor: el ingreso medio de los más pobres es de 70 dólares mensuales. Entre 1974 y 1996 se produce un cambio espectacular en la distribución interna del ingreso:

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30% más pobre 10% más rico

1974 11,2% 28,2%

1996 8,2% 37,1%

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Es rigurosamente cierto que no hay un solo judío pobre hoy en la Argentina posperonista, en la Argentina "antisemita" de la propaganda judía, en la cual los ingresos de los ricos (blancos) son 23 veces superiores a los ingresos de los pobres ("negros"). Como podrá ver el lector de ese libro, estamos hablando de etno-pobreza y de etno-riqueza (Capítulo 4) que surgen ambas en etno-territorios con "velocidades" económicas muy distintas entre sí. También en este plano la alianza entre las organizaciones judías y las multinacionales llevó a cabo una obra devastadora.

Los hechos recientes

Muchos acontecimientos de suma importancia se produjeron desde la aparición de la primera edición española de ese libro, en los comienzos de junio de 1998, hasta el cuarto aniversario del segundo de los atentados, "conmemorado" el 18 de julio de 1998. El primero de ellos es que, al cumplirse el cuarto aniversario del segundo de los atentados (AMIA, 1994), la investigación judicial "... no logró constituir un argumento coherente que explique el atentado" (Informe del American Jewish Comittee correspondiente a 1998). Para algunos grupos judíos residentes en la Argentina (una fracción del lobby judío-argentino llamada "Memoria Activa") esa investigación es "... un desorden lleno de agujeros, una cáscara vacía" (Fuente: Página 12, Buenos Aires, 19 de julio de 1998). El Virrey Judío en Buenos Aires, el embajador de Israel Isaac Avirán, puso, como de costumbre, su grano de odio y de desprecio hacia "las gentes de la tierra", en sus acostumbradas intervenciones dentro de la "política interior" de la Colonia "Argentina": "Si hacemos un cálculo aritmético, no tenemos nada: tenemos cuatro años y cero culpables" (Fuente: Clarín Digital, 18 de julio de 1998). Otro acontecimiento ocurrido con posterioridad a la edición española de este libro es el "cambio estratégico" realizado por Estados Unidos y la Unión Europea, respecto de la República Islámica de Irán. Sobre él publiqué dos trabajos en el semanario Amanecer, de Madrid. Ambos textos son presentados en el Anexo Documental de esta Introducción.

Los atentados de Jerusalén: una reproducción de los de Buenos Aires

El siguiente hecho que vamos a mencionar tiene un importancia capital dentro de tema de los atentados terroristas de Buenos Aires y, como todo este caso de terrorismo, una estrecha y directa relación con los sucesos de Oriente Medio, ya que está ubicado dentro del "tiempo" y del "espacio" que se menciona en el Capítulo 1 de este libro. Tuve apenas la oportunidad de señalarlo, muy rápidamente, en las ediciones española y árabe.

Pero primero una "introducción" a cargo del Virrey Avirán.

El 16 de julio de 1998, el embajador de Israel en Argentina -- Isaac Avirán -- fue invitado, por primera vez, por la embajada de Egipto, para participar en la recepción recordatoria de la fiesta nacional del otrora orgulloso país de los faraones. Pero eso no fue lo más importante. Por encima de las caras de estupor y desagrado de la mayoría de los embajadores de los otros países árabes presentes, resaltaron las declaraciones a la prensa del señor Isaac Avirán: "Arafat tiene un doble discurso. En inglés, para Occidente, manifiesta un interés por la paz que no expresa en árabe para los palestinos. El tiene el poder para controlar el terrorismo pero no sólo no lo hace: a veces empuja sus acciones". En el escenario en que se encontraba, esa frase tuvo la obvia intención de acusar a la ANP de ser la responsable de los atentados terroristas de Buenos Aires de 1962 y de 1964.

-- Usted cree realmente que Arafat maneja el terrorismo palestino?

-- Sí

-- Los últimos atentados ocurrieron en pleno corazón de Jerusalén occidental, un área bajo el control exclusivo de la seguridad israelí.

-- Es cierto, hubo fallas en la seguridad israelí. Es difícil tener todo bajo control, cuando en Israel trabajan 150.000 palestinos. Pero los terroristas palestinos que detiene Arafat salen de la cárcel dos días después.

-- ¿Usted considera que el primer ministro Netanyahu es hoy el gobernante adecuado para Israel?

-- Es el hombre que ganó legítimamente las elecciones. El debe gobernar. Le digo más: si hoy hubiera elecciones (en Israel) yo creo que vuelve a ganarlas Netanyahu (Fuente: La Nación, Buenos Aires, 17 de julio de 1998). Issac Avirán es miembro del Partido Laborista Israelí. En Argentina es más que un embajador: se comporta como un Virrey del poder judío destinado a la más miserable de las colonias.

La pregunta del periodista sobre los atentados de Jerusalén, que el Virrey Avirán endosa a los Palestinos de la OLP-ANP hace al núcleo de una cuestión específica.

Como el lector podrá leer en el Capítulo 1 de mi libro ("Los atentados de Buenos Aires fueron el producto de la infiltración del terrorismo fundamentalista judío en el servicio de contraespionaje israelí - Shin Beth") yo analizo esos atentados dentro del espacio-tiempo de la crisis del Oriente Medio, porque sostengo que la Argentina, al igual que luego Kenia y Tanzania, fue un mero teatro de operaciones. Para datar el "tiempo" de esos atentados (ya que su "espacio" estuvo siempre muy alejado de la Argentina) señalo el comienzo de la Conferencia de Madrid y el asesinato de Isaac Rabin. Dentro de ese tiempo se producen los atentados de Buenos Aires.

Sin embargo hay que entender que el asesinato de Rabin fue el prólogo necesario del acceso al poder de la coalición Likud. Netanyahu no hubiese accedido al poder si no fuese porque se había eliminado al último líder laborista con capacidad para ejercer el mando en un país en crisis: Israel. Pero no bastó el asesinato de Rabin. Fueron necesarias otras acciones posteriores para demostrar a los electores israelíes la validez de la ecuación "seguridad versus territorio". Lo que "demuestra" la validez de la opción son los dos atentados a la bomba realizados en Jerusalén, en julio y septiembre de 1997.

En la nota 27 de la página 105 de mi libro (edición española) recojo una información periodística valiosísima, un informe enviado por Lino Ventosinos, que en esa época era corresponsal de El País, de Madrid, en Jerusalén, el 7 de septiembre de 1997. Reproduzco ese texto:

"En un inesperado giro de los acontecimientos, y mientras la sociedad israelí lamenta aún las muertes de las víctimas del atentado de la calle Ben Yehuda en Jerusalén, la Autoridad Palestina (AP), que preside Yasir Arafat, aseguró ayer que los autores de la acción son extremistas israelíes y acusó al gobierno de Benjamín Netanyahu de ocultar informaciones que lo prueban. Un inusual comunicado de AP asegura que "la dirección palestina confirma que la operación terrorista contra civiles israelíes en Jerusalén no fue llevada por palestinos". El gobierno de Arafat afirma tajantemente que dispone de pruebas israelíes que establecen la responsabilidad de radicales judíos en el triple "atentado suicida"..., e indica que los autores del atentado "vinieron del extranjero". La nota señala también que en los preparativos para el atentado "fueron ayudados por los grupos radicales israelíes que asesinaron a Isaac Rabin. La AP dice que el gobierno israelí tiene la información exacta sobre la identidad de los autores. El Gobierno palestino acusa a Israel de ocultar esa información y "otros detalles sobre quienes han dirigido, perpetrado y ayudado" en el atentado del pasado jueves".

En el mes de enero de 1998 tomo contacto con la Oficina de Representación Diplomática de la Autoridad Palestina en París. Le planteo la cuestión a mis amigos allí. Necesito mantener una conversación con algún responsable oficial de la Inteligencia palestina sobre esos atentados de Jerusalén, para ubicarlos, si ello fuese lógicamente posible, dentro del "tiempo-espacio" de los atentados de Buenos Aires. La respuesta a mi pedido fue positiva, pero el contacto recién se pudo establecer hacia mediados de junio, en la misma capital francesa, cuando la edición española de este libro ya había sido impresa.

El oficial de Inteligencia Palestino me dio a leer algunos documentos oficiales de su organismo, pero antes me había advertido:

-- Puedes leerlos, pero no copiarlos. No podemos permitirnos el lujo de hacerlos públicos en un momento políticamente tan frágil para nosotros.

-- ¿Puedo hacer referencia a esta reunión?

-- Sí, porque no sabes ni mi verdadero nombre ni mi verdadero cargo. Por lo tanto es tu responsabilidad la que está en juego y no la nuestra.

Estuve leyendo toda la tarde, en una modesta habitación de hotel, documentos de la inteligencia palestina redactados en idioma inglés. Recuerdo con absoluta claridad que todos ellos, desde distintos ángulos, hacían referencia y demostraban con hechos la responsabilidad directa del Shin Beth en ambos atentados de Jerusalén. Para la Autoridad Palestina no había dudas: sólo que aún no podían hacer público una acusación por una cuestión de oportunidad política.

Por lo tanto lo que yo quería que fuese una investigación se vio finalmente reducido a una historia muy corta, la que acabo de relatar. Su resultado coincidía absolutamente con el punto de partida, con las coordenadas iniciales que dio Lino Ventosinos en su artículo. Tuve entonces un nuevo cierre para mi "espacio-tiempo" de los atentados de Buenos Aires.

No iba a ser el último. El mismo día en que se realiza la reunión de compromiso exigida por el Departamento de Estado de los EUA entre israelíes y palestinos, el 19 de julio de 1998, la seguridad israelí "frustra" otro "atentado" en Jerusalén. La ANP señaló rápidamente a los fundamentalistas judíos como responsables de ese "atentado" no consumado.

Del "holocausto" argentino a "Nuremberg II"

Desde el inicio de la "Operación de guerra psicológica pos-atentados" (tema que se desarrolla en el Capítulo 3 del libro) existió un claro paralelismo entre el intento por inculpar al "terrorismo islámico" y la idea de instalar en la opinión pública occidental la infundada convicción de que la dictadura militar argentina (1976-1983) había practicado un "holocausto" a escala "sudaca" (este tema se trata en el Capítulo 2 del libro: Del "holocausto" argentino al "terrorismo islámico")

Ambas imágenes, la del terrorismo islámico y la del "holocausto" sudaca no podían sino ir en paralelo, aunque en progresiva convergencia, ya que lo que el judaísmo internacional (organizaciones judías internacionales) trataba de probar era y es la existencia de una "conexión" entre ambas situaciones. Los atentados de Buenos Aires se habrían producido porque hubo una conexión entre el "terrorismo islámico" (Irán) y los "nazis" indígenas, todos ellos residuos de una dictadura militar autora de un (relativamente modesto) "holocausto".

Se ha insistido mucho y desde todos los ángulos en esa falsa y estúpida "conexión". Recientemente un rabino de Nueva York, la capital judía del hemisferio occidental, volvió a recordar la "continuidad existente entre lo que ocurrió durante el gobierno militar" y los atentados "antijudíos" de Buenos Aires ().

Lograr fijar esa "conexión" en la "conciencia occidental" es, entonces, una cuestión absolutamente vital en el proceso de guerra psicológica orientada a travestizar los atentados de Buenos Aires. Para ello se recurre a un elemento altamente simbólico: al llamado juicio "Nuremberg II". Porque la única posibilidad de llevar hasta sus últimas consecuencias la tesis de la conexión islámico-nazi sería "demostrando" que en la Argentina de los años 60/70 había habido no una guerra originariamente declarada por las organizaciones guerrilleras irregulares, sino una vulgar matanza de "justos e inocentes" practicada despiadadamente (sin causa justificada, en apariencia; por puro sadismo, tal vez) por los militares establecidos, a los que apoyó, sin duda, el grueso de la sociedad argentina, incluidas las organizaciones judías locales (e internacionales).

En este punto fue el propio Fidel Castro quien, inesperadamente, se encargó de poner los puntos sobre las íes. En un discurso de increíble cinismo, y en pleno proceso de maquillaje político, dijo lo que ya muchos sabíamos: que Cuba, contra la opinión soviética, había exportado la revolución a toda América, exceptuando México ¿Es que México era el santuario de la justicia social? Nada de eso: México era el único Estado hispanoamericano que mantenía buenas relaciones con Cuba. "En el único lugar donde no intentamos promover la revolución fue en México. En el resto, sin excepción, lo intentamos".

Yo ruego al lector que lea con atención, en el Capítulo 2 de este libro, las páginas que dedico a intentar definir la naturaleza de la "guerra sucia" en la Argentina. Y que luego las compare con el discurso de Fidel Castro, algunos de cuyos párrafos reproduce Clarín Digital, el 4 de julio de 1998 (Ver: Anexo Documental).

La guerrilla -- hablemos sólo de la Argentina -- fue -- antes que nada --, y según Fidel Castro, una decisión política y estratégica cooptada en La Habana. Eso lo sabíamos y lo asumíamos en toda su dramaticidad todos aquellos que viajábamos a la capital de la Isla. Durante muchos años hubo un pacto de silencio para no hablar del tema, para no perjudicar a la "revolución". Recién en 1996 yo publico en mi investigación Subversión, contrasubversión y disolución del poder (Buenos Aires, CEAM) las reflexiones que reproduzco en el presente libro (Capítulo 2, pgs. 114-125).

El análisis de esta "confesión" del "líder máximo" es muy sencillo.

La guerrilla -- siempre en la Argentina --, "mentalizada" y "logistizada" por el Departamento de América del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (comandante Piñeiro) declara la guerra al "sistema". Para ello emplea métodos terroristas (Ver: Norberto Ceresole: Nación y Revolución. Argentina: los años setenta, Puntosur, Buenos Aires 1988). Las agresiones terroristas de la guerrilla están orientadas principalmente hacia el ejército y las fuerzas armadas en general: "el brazo armado de la burguesía". Las estructuras militares reaccionan, se defienden y... "se exceden". El Terrorismo de Estado es tan evidente como el terrorismo teledirigido desde La Habana. Unos defendíamos a un modelo socialista decadente y ya moribundo; otros defendieron a un sistema capitalista explotador y arrogante, que en la actualidad está provocando la ruina de la Nación Argentina. Perdimos todos. No hubo ni "buenos" ni "malos". Por lo demás, la insularidad de la revolución cubana no tenía otra alternativa estratégica que la exportación de conflictos de baja intensidad. No era -- para La Habana -- sólo un problema ideológico sino, repetimos, estratégico. Era la única posibilidad para romper con el aislamiento a que había sido sometida la revolución. Durante años México y la España franquista fueron los dos únicos accesos occidentales a la Isla. Exportar la revolución era, para Cuba una cuestión de supervivencia. Es todo muy simple desde la perspectiva del tiempo.

A partir de estas declaraciones de Fidel Castro nadie debe llamarse a engaño. La operación montada por las organizaciones judías destinada a demostrar el "holocausto" argentino ya no tienen ningún fundamento. Las operaciones guerrilla-contraguerrilla en la Argentina no fueron una lucha entre "justos e inocentes bien intencionados" contra "perversos nazis nativos" (extraños "nazis" que disponían de asesores y armamentos israelíes: ¡todos juntos contra el comunismo!). Por ello las organizaciones de los "derechos humanos" argentinas son hoy cómplices de una conspiración judía contra la Nación Argentina.

Esas organizaciones judías internacionales logran -- con la complicidad de los que defienden, veinte años más tarde, los "derechos humanos" en la Argentina -- instalar en Alemania un juicio a los "militares argentinos" llamado "Nuremberg II" (). El simbolismo judío es algo fascinante. Logra fijar en la "conciencia occidental" hechos absolutamente distintos y distantes, en base al capital acumulado a partir del Mito del Holocausto.

La operación en Alemania (y en toda Europa) es conducida por el Consejo Ecuménico de las Iglesias (origen, también, de la "guerrilla" chiapeña en México, único país al que Cuba no le había "declarado la guerra" (Fidel dixit), fundado en Amsterdam inmediatamente después de la "Liberación" europea, el 27 de agosto de 1948. Durante años estuvo dirigido por el pastor protestante y masónico Carson Blake, y fue fuertemente apoyada, desde su creación, por el cardenal católico Cushing, de Boston, íntimo amigo de la familia Kennedy.

Ahora es precisamente "Prensa Ecuménica" quien señala que la "... investigación alemana (sobre los "nazis criollos" de la Argentina) posee un valor especial, porque desde los juicios contra los criminales de guerra nazis, hace más de 50 años, Nuremberg tiene un significado simbólico en cuanto a la aclaración y sanción de crímenes políticos cometidos durante la dictadura nazi". Muchos pretenden ver en "Nuremberg II" un paso importante en la instalación de la llamada Corte Criminal Internacional (CCI), ese proyecto globalista que le daría un golpe de muerte a las soberanías nacionales en el mundo entero. Sin embargo ni Estados Unidos ni Israel apoyan el proyecto. "Sólo podemos expresar nuestra indignación por ver cómo se incluyó la colonización (judía de Palestina) en el mismo nivel que los crímenes de guerra más odiosos", declaró el portavoz del ministerio de asuntos exteriores judío el 19 de julio de 1998. Para la política nacionalista del Estado judío -- quien durante un tiempo, y sobre esta cuestión, se manejará con independencia del conjunto de las organizaciones judías internacionales que sustentan a ese mismo Estado en Occidente -- la aceptación de que la colonización judía de Palestina es un crimen equiparable al Auschwitz que ellos sacralizaron, "... no refleja la realidad jurídica internacional y constituye un nuevo intento de los países árabes y de sus asociados para transformar esa Corte Criminal Internacional en una herramienta política destinada a condenar a Israel".

El problema de las organizaciones judías residentes en la Argentina - que no son más que un apéndice de las organizaciones judías internacionales, dada la "universalidad del judaísmo" () - es que no podrán sostener su "famosa" conexión por mucho tiempo, ya que ella, simplemente, además de nunca haber existido, es una construcción contra natura (personalmente conocí - en todo el mundo - a nazis protestantes [calvinistas y luteranos], católicos [y judíos], a árabes laico-nacionalistas, pero nunca a un nazi musulmán; ni puedo imaginar siquiera a un nazi chiíta, dada la naturaleza del Islam y la estructura esencialmente progresista (en la estricta definición occidental de ese concepto) del pensamiento del Ayatolá Jomeini) (Ver: Apéndice Documental, Chiísmo y catolicismo, nota sobre las Obras del Ayatollah Jomeini).

Por el contrario, la realización de atentados terrorista es un hecho habitual en la historia del Estado de Israel, y una práctica cotidiana de las organizaciones judías en el mundo. En ambos casos esa acciones se realizan bajos dos modalidades distintas: el sabotaje y la intimidación. Normalmente el Estado de Israel practica el sabotaje, es decir, acciones terroristas disfrazadas que tienen por objeto acusar a un tercero ¡Al mejor estilo de Buenos Aires! En el Diario de Moshe Sharret que cito extensamente en el libro se puede encontrar el origen de esta metodología que nace a poco de ser fundado el Estado de Israel. Decenas de atentados en los últimos años fueron atribuídos a terceros: en Egipto (Luxor), en Argelia (GIA), en el cementerio judío de París, etc., etc.

Inversamente, las organizaciones judías dislocadas en Occidente practican el terrorismo bajo la forma de intimidación. Para no hablar de mis experiencias personales en ese sentido, podemos ver lo que sucede en la mismísima París (Robert Faurisson: Milicias judías: más de quince años de terrorismo en Francia, en Archive Faurisson) y en otros muchos lugares del mundo.

La Argentina, agredida y ocupada por las organizaciones judías que sustentan, y son sustentadas, por el Estado de Israel.

Bajo la protección del Jewish Community Relations Council of New York (JCRC), entre el 20 y 21 de julio de 1998 se dijeron las mayores atrocidades contra el honor de la Nación Argentina, usando como vehículo feroces críticas contra el actual gobierno (al fin de cuentas, elegido por decisión democrática y mayoritaria del pueblo argentino). No viene al caso reproducirlas textualmente. Ello ya ha sido hecho, con toda amplitud, por Clarín, La Nación y, sobre todo Página 12, todos ellos diarios de Buenos Aires, en sus ediciones correspondientes a las fechas antes citadas. Sólo un ejemplo. Una tal señora Harriet Mandel, interrogada por Página 12 sobre si aún confiaba en la justicia argentina dijo: "¿Quién sabe? Cosas extraordinarias pasan todos los días. El hombre pisó la luna, por ejemplo. Aunque tal vez sea más fácil que el hombre aterrice en la luna que se haga justicia en la Argentina, -- suspiró".

El presidente argentino, Carlos Menem, se encuentra en la peor de las posiciones imaginables: enemistado con Irán y viviseccionado por los judíos. En el poco tiempo que, en apariencia, le queda, sólo tiene dos caminos. Ambos tendrán enormes costos que tendrá que afrontar según sea la opción que elija. Iniciar un proceso de acercamiento con Irán, con el mundo musulmán y árabe en general; o extraviarse definitivamente por el camino de la mentira, formalizando la ruptura con ese mundo y aceptando, hasta el último tornillo, las "recomendaciones" de las Organizaciones Judías. Con el agravante de que la comunidad argentina rechaza esta última opción. Ella parece estar adquiriendo, por fin, conciencia de sí.

La primera opción es, aún, posible. Su costo será altísimo: soportar la ira de esas Organizaciones. Pero en primer lugar está la conciencia popular argentina. Luego, ese es un camino que ya están recorriendo la Unión Europea y la propia administración Demócrata en los EUA. Ellos serían los "parachoques" del presidente. La otra opción tiene un costo aún más alto: no tiene retorno. Las organizaciones judías nunca aceptarán al "sirio" Carlos Menem. Hace mucho tiempo que han decretado su "desaparición".

La caída del menemismo significará, en principio, un avance avasallador de la ofensiva del lobby judío. No porque el menemismo se hubiese opuesto a ella, sino porque sus eventuales reemplazante han manifestado reiteradamente su voluntad de plegarse aún más íntimamente a la voluntad judía. Muchos de los "presidenciables" argentinos, como el señor De la Rúa, descendiente de marranos portugueses, son orgánicos de la judería. Toda la "oposición democrática" al menemismo está plagada de esos políticos "orgánicos".

El motivo por el cual las investigaciones judiciales sobre los atentados de Buenos Aires se encuentran en un callejón sin salida - y allí seguirán hasta que estalle un crisis múltiple en el Oriente Medio, único camino para "liberar" información - es muy simple: por razones claramente políticas se optó desde un principio por la hipótesis de trabajo más inverosímil. Desde un primer momento se buscó no a los autores de los atentados sino a los enemigos del Estado judío, que siempre fueron dos cosas muy distintas. Esa búsqueda sólo pretendió demostrar algo que necesitaba, desde el punto de visto estratégico, el Estado de Israel y el sistema de organizaciones judías que lo sustentan en el mundo occidental. Ante la burla internacional pública que el Estado de Israel hace del "Acuerdo de Paz", ese Estado y esas organizaciones judías necesitaban perentoriamente un nuevo conflicto, un conflicto intercivilizaciones, un choque entre el Occidente "judeo-cristiano" y el mundo islámico. Ese gran nuevo conflicto absorbería el anterior (el del Medio Oriente, propiamente dicho).

El segundo de los atentados (AMIA, 1994) estuvo también diseñado para contribuir al "choque de civilizaciones". Sólo en ese aspecto habría que separarlo del primero (Embajada de Israel, 1992). La implosión de la Embajada de Israel fue, sin la menor duda, un puro ajuste de cuentas entre facciones opuestas dentro del servicio de contraespionaje israelí; una fractura antagónica entre dos concepciones irreconciliables en torno a cómo administrar el "Plan de Paz" que comenzaba a rodar en esos tiempos. Recordemos que esa bomba implosiona en momentos en que estaba reunida en la Embajada de Israel en Buenos Aires la plana mayor del Shin Beth. Naturalmente esa reunión había sido planificada -- en Tel Aviv -- con prolongada anticipación. El grupo se encontraba analizando cuestiones de seguridad relativas a instalaciones israelíes en toda el área iberoamericana (lamentablemente, esas personas habían salido a almorzar fuera del edificio en el preciso instante de la deflagración, que produjo muchas víctimas inocentes).

La hipótesis más razonable, la más cercana al sentido común y la emergente de un análisis lógico (por qué no decirlo: científico) de todos los factores confluyentes en esos atentados, hubiese indicado la necesidad de partir del contexto internacional dentro del cual ellos se producen. En un país como la Argentina, en el cual nunca se habían registrado ese tipo de operaciones contra ningún grupo étnico de todos los que integraban su modelo demográfico, el traslado de la hipótesis del interior ("conexión local") al exterior (crisis interna en la sociedad israelí) hubiese sido un acto, como mínimo, sensato. En todo caso una hipótesis alternativa que ningún científico social podría descartar a priori.

La hipótesis de la "conexión local" - que en definitiva gira en torno a la supuesta existencia de un coche-bomba (el "arma del crimen") - debió haber sido rechazada, asimismo, para el caso del segundo de los atentados, ya que la superficie en la que se había producido la explosión quedó, durante muchos días, de forma exclusiva, en poder de una brigada de la seguridad israelí y, por lo tanto, se convirtió en un terreno excluido para cualquier investigador argentino. Las supuestas pruebas encontradas por los israelíes en ese territorio ocupado, y que señalan la existencia de un fantasmal "coche-bomba", bien pudieron ser "plantadas" por ellos mismos. Esta es una posibilidad razonable que nadie debería excluir "en principio". Pero a falta de otras pruebas se convierte en una sombra que, como mínimo, oscurece cualquier conclusión basada exclusivamente - como es el caso - en tales "pruebas".

Pero la hipótesis relativa a la necesidad de trabajar a partir de una determinada situación internacional localizada en un punto del planeta muy alejado de la Argentina, estuvo excluida desde un comienzo, por los motivos ya señalados, referidos a las necesidades estratégicas del Estado judío. Además hubo un factor agravante: existía una necesidad específica de las organizaciones judías operativas en la Argentina de agraviar a la comunidad argentina. De quitarle legitimidad y valores a todo lo argentino. De anular la argentinidad. De manifestar, en definitiva, de una manera súbita y, de ser posible, mortal, el antiargentinismo genético del judaísmo en la Argentina.

Esta férrea determinación del lobby judío residente en la Argentina no es algo nuevo. Existe desde sus mismos comienzos organizativos hacia mediados de los años 40. Pero ahora se manifiesta con particular intensidad. En esta coyuntura su objetivo específico no es tanto la "culpabilidad iraní", sino la destrucción de la "conexión local de los atentados" (rabino Rolando Matalón, en Nueva York, el 20 de julio de 1998). Se insiste en que el gobierno menemista es "cobarde", porque "la protege". Ese gobierno -- recordemos, legítimo -- es presentado como el Ersatz (la "sustitución") de esa "conexión local": "Denuncio al gobierno argentino por absolverse a sí mismo de investigar a todos los que están involucrados en este crimen... Denuncio al presidente de la Argentina, al señor Menem, que continúa con la larga tradición de enterrar la historia" (Rolando Matalón). He aquí otra vez al peronismo (del que el señor Menem se ha desvinculado hace una década) como el "lado malo de la Argentina": como la proyección sudamericana del nazismo. Y si el nazismo es el "mal absoluto" sólo quedan en pie los judíos, el núcleo de hierro del "lado bueno de la Argentina y del mundo". En última instancia se trata de vaciar a la Argentina ().

De haber tenido éxito esta operación de vaciamiento, en una época de "globalidad", es decir, en un tiempo histórico signado por la anulación de los valores singulares en general (en beneficio de la "universalidad" judía), la Argentina hubiese quedado completamente inerte. Hubiese sido convertida en "tierra de nadie" como ya, en parte, lo es, por una acumulación de factores entre los